"TINO CASAL, LLEGÓ Y SE FUE ANTES DE TIEMPO" por Mercedes Resino

Conocí a Tino Casal el día que vino a actuar al primer Tocata, un 4 de octubre de 1983, en el plató nº 1 de Prado del Rey, en Madrid. Llegó tarde al escenario, en un directo ante toda España. Yo me quería morir y él subió con toda la templanza, con su vestimenta rococó y se puso a cantar.

 

Tuve la oportunidad de entrevistar brevemente a Tino en varias ocasiones después, y nunca sabía que hacer ante su presencia, me ponía muy nerviosa, le admiraba, me desconcertaba, le quería mucho y no le conocía, me resultaba cercano y amoroso, era alguien con una profundidad más allá de lo habitual… como si cuando nosotros íbamos él ya hubiera ido y vuelto muchas veces... demasiada madurez para los tiempos que corrían, una recién estrenada democracia constitucional en España, que no estaba preparada para tanta vanguardia. Después de cuatro décadas de oscuridad, Tino se hizo sitio y lo defendió con total seguridad, despertando a gran parte de la población con el viento fresco de su actitud.

 

Artísticamente Tino era un adelantado a su época, un hombre de altísima sensibilidad, un valiente, que apostó por romper moldes y estereotipos, y propuso nuevas ideas, nuevos valores, nuevas estéticas, nos abrió los ojos, los oídos, la mente y el corazón. Nos dijo: “Señores, hay MUCHO MÁS”. Era un visionario dotado de una gran inteligencia, ocurrente, honesto, elegante y transgresor, que entendió la música como un espectáculo, un vehículo de transmisión sonora y visual.

 

No se puede concebir la música de los 80s y en adelante sin Tino Casal. La madurez que aportó al posterior mundo del pop en este país es indiscutible. Tenía las ideas muy claras y marcó a las generaciones posteriores. Era un artista multifacético y brillante, un entusiasta creativo, un cantante excepcional, un provocador y un rompedor; un hombre del Renacimiento que dio rienda suelta a sus ideas sin miramientos.

 

Había grupos musicales que, en la década de los 80, nos podían gustar más o menos, por su estilo, por las canciones, por el cantante, etc., pero si nombrábamos a Tino Casal, se forjaba una especie de comunión donde no había nada que discutir, Tino estaba por encima del bien y del mal, como si fuera de una categoría superior e intachable. Iba el primero de la fila, siempre descolgado del pelotón.

 

El mundo de la cultura perdió a uno de los grandes talentos del fin de siglo XX, equiparable a David Bowie en el mundo anglosajón, o a Michel Polnareff en el francófono, y nos quedamos a las puertas de todo lo que hubiera podido aportar un artista tan completo, tan distinto y determinante, que atravesó paredes y nos dejó un legado majestuoso. Tanto si le comprendimos como si no, nos dejó la puerta abierta…

 

Gracias, Tino Casal.

 

 

Mercedes Resino

*Millones de gracias, de todo corazón, a Mercedes por recordar a Tino para el blog con este maravilloso artículo.

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